lunes, 6 de noviembre de 2017

Café Alaska / Víctor Bustamante


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Café Alaska

Víctor Bustamante
Para Jairo León Cano

La representación del tango en Medellín puede estar jadeando ya que otro de sus cafés, El Alaska, sufre el menoscabo de verse lejos del ideario  de sus asistentes, es decir, desaparecer,  pero algo es obvio, este lugar aún continúa vigente, trajinado por los diversos habitués que asisten para prolongar y prologar un encuentro, ya sea para jugar cartas, jugar billar, pero, sobre todo, para escuchar como música de fondo, esa gran compañía, de la música de Buenos Aires. Muchos de ellos son expertos en tango, muchos de ellos se saben sus letras, muchos de ellos saben muchísimas anécdotas, muchos de ellos viven esta música y la acompañan con una buena dosis de licor para escudarse de la rutina de cada día; persisten con una desmedida carga de historias alrededor de una mesa, prolongación de la sala familiar. No en vano estos encuentros en el café se convierten para ellos en la otra posibilidad de crear otros lazos, a partir de la música. Allí se pueden concebir, revivir, compartir discos, biografías y películas de los cantantes de tango que miran desde las fotografías en las paredes. Todo solista o cada orquesta típica que ha sido retratada, tanto triunfadores como figuras de culto, tanto derrotados como casi desconocidos, gozan aquí de la perseverancia de quienes con su habitual afluencia le dan al lugar, al Alaska, una vida muy peculiar: su carácter.

En el café hay una variedad muy explorada de la fauna humana, que expresa una época: las crónicas de los hombres mayores, la saga de los perdedores, la petulancia de los coleccionistas, el saber de los musicólogos, el desespero de los diletantes, el amago continuo de los bebedores . Allí se encierra un mundo masculino con la cofradía de la conversación como bastión para aniquilar el paso de las horas. Bueno, sí, una de las temáticas del tango es esa, y por esa misma razón aquí llegan, luego del mediodía a buscarse para,  ya sea al inicio de la tarde, espesar las horas. Hay un acicate que flota, el poder de la nostalgia, convocada por la música que da ese toque de finura a cada uno de los amantes del tango. Cierto, en un café se encierran los recuerdos que traen y disparan el tango. Este tipo de nostalgia es imposible no decir que merodea y resuma por las paredes con las fotografías, con la compañía de los símbolos del Poderoso DIM. Podríamos decir que hay una presencia enérgica pero también una nostalgia por Buenos Aires. 

Pero aquí el sueño de la Alaska por continuar como el último bastión del tango en Manrique se convierte en un documental ya que se asoma el cambio funcional de esta calle emblemática, también han desaparecido los otros cafés para escuchar las melodías, solo se oponen calladamente aquellos que  insisten y asisten a estas citas citadinas sin tener en cuenta ese más allá que otorga la posible e incierta fecha de caducidad.

Sobre el Alaska abundan, en los últimos años, las notas que le otorgan solidaridad debido al temor por su cierre, así también surgen las memorias de quienes sabemos que al desaparecer un lugar emblemático las calles, esta calle de Manrique, quedaría a merced de los incansables discípulos del comercio que son quienes le otorgan a las calles, a la ciudad su tono, ya que el patrimonio posee poca consideración.

Toda esta situación de reclamo, en esta nota, en esta solidaridad espontánea, tiende a sazonar la mitología del Alaska como el último café de tango en Manrique –ya la tangovía no existe, la Casa Gardeliana convertida casi en museo, mientras  a unos metros Gardel mira su calle a la que no conoció– pero debemos añadir que este café aun funciona, eso sí bajo la persistencia de que en algún momento lo cierren para convertirlo en panadería. Los paisas no pueden ver una buena esquina porque de inmediato montan este tipo de negocios, como si alimentarse se convirtiera en el deporte municipal, y en una alegoría al descanso.

Medellín, Manrique, ha cambiado, ya en esta carrera, la 45, había dicho que no existen cafés de tango y aún menos los teatros, pero si almacenes en cada resquicio. Son pocas las personas que aún no desprecian la música de su tiempo, en este caso el tango, y el consumo cultural tiende a limitarse a la devoción catatónica por la televisión, y en la afirmación de la gente joven por otras músicas.

Camino con Juan Carlos Buriticá por la 45,  conversamos sobre lo cambiante del paisaje humano, sobre la agresividad con el patrimonio y ese continuo destripar la propia historia como si nada interesara en la ciudad de la eterna amnesia, pero al final ojalá haya una buena noticia y el Alaska perdure.

Medellín aún recuerda el alboroto por la muerte del Mudo, cada año se celebra con su viudas presentes, como si fuera un hijo adoptado y ya suyo, así como de convertirse en la otra patria del tango. Sin embargo, los tangófilos, temerosos de la matriz empresarial del antioqueño cazurro, temen que los espacios, los escasos lugares de identidad como este café, EL Alaska, desaparezcan.

Arriba en esta tarde el helicóptero de la policía, como un insecto mecánico, da vueltas, vigila, regresa, vuelve a vigilar. La tarde cae con su peso.





viernes, 4 de agosto de 2017

Presentación del Libro El Tango en Medellín de Jaime Osorio Gómez




Presentación del Libro El Tango en Medellín de Jaime Osorio Gómez en la Academia Porteña del Lunfardo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con el apoyo de la Universidad Autónoma Latinoamericana de Medellín entre otras.                                                                                                                                          

lunes, 10 de abril de 2017

ASDRUBAL VALENCIA / El tango en la literatura y la literatura en el tango


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ASDRUBAL VALENCIA / 
El tango en la literatura y la literatura en el tango

Víctor Bustamante

Asdrúbal Valencia se ha propuesto una labor titánica:  analizar desde diversos aspectos la presencia que ha jugado el tango desde sus inicios, pasando por diversidad de cantores , de letristas, de orquestas , para ello en su investigación, El Universo del Tango, ha buscado, ha descrito con una paciencia digna de un investigador consuetudinario el papel que esta música ha tenido desde sus orígenes y  ha situado el valor de los cantantes y de compositores.

Pero ahora en su libro, El tango en la literatura y la literatura en el tango, su autor se desliza hacia una reflexión más precisa un tópico que es esencial al desarrollo de ese aire, ya que no solo el tango posee influencias de la música clásica sino que también al mezclarse con la literatura para que lo exprese se ha adentrado en la poesía como una manera de crear una manera de ver la existencia que canaliza esas dos propuestas: la música clásica y la poesía para darnos su expresión. De ahí que en esas letras elaboradas y llenas de poesía existan nombres que son imprescindibles Catulo Castillo, Homero Manzi, Enrique Santos Discépolo, , José María y Pascual Contursi, Horacio Ferrer. Incluso en una antología de poesía argentina el nombre de Homero Manzi fue considerado imprescindible y fue nombrado al lado de poetas de renombre.

Pero hasta ahí no solo se mantiene esa relación perdurable en el tango y la literatura. Sabato fue todo un analista de la presencia del tango, Borges, que amaba más las primeras letras de tango y  las milongas, fue musicalizado por Piazzolla y Jairo en algunos de sus poemas. En Rayuela de Cortázar mantiene el pulso del tango durante su vida parisina. Y un sociólogo de fuste como Juan José Sebreli lo analiza en su papel junto a la vida cotidiana de Buenos Aires.
Incluso en Colombia Mejía Vallejo, Cruz Kronfly y Darío Ruiz Gómez le dan su presencia. Pero hay un caso que le llamado la atención Cabrera Infante anotaba que el tango al ser tan literario perdía ese sentido de emoción que dan las canciones sencillas. De todas maneras el tango aun da para mucho, y Asdrúbal Valencia con sus libros, investigaciones y reflexiones nos abre ese mundo diverso.


martes, 4 de abril de 2017

Honorio Rúa


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 Honorio Rúa

Orlando Ramírez Casas
-Orcasas-

Desde los 22 años, en 1956, empezó a coleccionar discos de Pedro Infante y grabaciones de música de tríos y duetos de su predilección, hasta convertirse en un coleccionista reconocido. “No tengo gran cosa”, dice con modestia, “pero lo que tengo es muy seleccionado”. Los casetes y CDs ocupan muchos cajones en los armarios del cuarto que tiene como altar a su memoria. En ese cuarto ocupan sitio las placas, trofeos, cintas, medallas, escudos, diplomas, y reconocimientos diversos recibidos en su carrera deportiva, y en sitial de honor tiene la primera bicicleta profesional de carreras que tuvo, “Que no fue la primera, porque en realidad la primera fue una muy linda que vi exhibida en el almacén de don Julián Mesa en la calle Perú con la carrera Carabobo, y cuya belleza me obnubiló. Don Julián me vio tan entusiasmado con ella que, para no perder la venta, no me advirtió que era demasiado pequeña para mis 1,85 mtrs. de estatura. Lo único que hizo fue subir el galápago al máximo de su graduación, pero yo quedaba con las piernas encogidas”. El ciclista Justo “Pintado” Londoño, un hombre que también laboraba en Sedeco, dice Honorio, “vio la bicicleta en el parqueadero y preguntó por el dueño. Le mostraron mi oficina. Apenas me vio me dijo que esa bicicleta era muy pequeña para mí, y me propuso comprarla para un sobrino suyo que la estaba necesitando, a cambio de ayudarme a adquirir una que fuera apropiada. Es esta que tengo colgada en la pared”.

Esa bicicleta Monark que obtuvo a cambio de la primera que compró, en la que corrió las Vueltas a Colombia, por la que le han ofrecido ocho millones de pesos pero no la vende porque tiene un valor sentimental incalculable, estuvo a punto de costarle la vida en el año en que se jubiló de la vida laboral, 1989. Desde 1959 venía haciendo ciclismo recreativo, y esa mañana fue por la carretera que conduce a Ancón. Ya de regreso, en un solitario tramo próximo a la población de Caldas, un hombre se le acercó con intenciones de robarle la bicicleta mientras el otro le apuntaba con un revólver. “No sé por qué se me ocurrió pensar que el arma pudiera ser de juguete”. Honorio aceleró los pedalazos en zigzag para escapar de la amenaza, cuando sonó el primer disparo que le entró y salió por el muslo izquierdo. Algo aturdido logró seguir pedaleando con vehemencia, mientras la sangre le salía a borbotones y se oyeron otros dos disparos que no lo alcanzaron. “Afortunadamente no se me perforó la femoral, y pude llegar a la casa de un amigo en Caldas, donde me guardaron la bicicleta y me llevaron al hospital”. Puede decirse, entonces, que esa bicicleta representa su vida.

Esta bicicleta, que le trae tantos recuerdos, mandó el cuadro del Corazón de Jesús para la alcoba de matrimonio, al fondo, porque “no quiero que se sienta opacado por mis trofeos”. La primera alcoba, al lado del comedor y la sala de recibo, ha sido destinada por el ciclista y su esposa para altar de esos trofeos que recuerdan su inmensa participación en el deporte del ciclismo.

viernes, 27 de enero de 2017

sábado, 21 de enero de 2017

Homenaje a Irma Ocampo 1








Homenaje a Irma Ocampo 1


Victor Bustamante

Irma ha transitado por los terrenos del tango como la gran dama. Ella no canta tangos, pero posee la sensibilidad para agenciarse lo que los tangueros denominan una mujer no de armas tomar sino de tango en su sentido estricto. Habría que verla en las reuniones de la Asociación Gardeliana tan diligente, tan pendiente de que cada evento trascurra sin la necesidad de algo que lo opaque. No, esto no ocurrirá por una razón que conocemos, ahí está Irma ávida de servir a quien se lo solicita. Así es ella, amable, con un temperamento tan cordial, como pocas mujeres, donde la sensibilidad y el concepto de lo agradable resuman de una manera que desborda el hecho de que una persona, como ella se entregue de una manera tan presente sin esperar nada en recompensa.

Por eso, debido a su desinterés en lo particular, Irma es una persona que es tan querida por todos, tan admirada, tan tenida presente. Única entre los hombres de tango, tanto los melómanos consuetudinarios, tanto los melancólicos asilados en un rincón, tanto los que llegan con  aspaviento, tienen algo en común con ella: la admiramos.

Su buen humor. No lo puedo olvidar, resplandece cuando llega a las reuniones, y así ella es el punto de contacto entre tantos hombres de tango, entre las damas que llegan acompañadas, absortas en ese momento donde el fervor por esta música, atrae sus presencias y junta un puñado de personas.